sábado, 16 de agosto de 2025

Perdón que necesariamente transforma y envía.

Muchas veces escuchamos hablar del perdón como si fuera algo fácil, casi automático: “si me perdonan, puedo volver a hacer lo mismo, total, siempre habrá una segunda oportunidad”. Pero esta manera de pensar es peligrosa, porque transforma el perdón en una excusa para no cambiar. Y la verdad es que el perdón no funciona así.


Imagina que rompes sin querer el móvil de un amigo. Te disculpas, él te perdona, y aunque no le devuelves el móvil en ese momento, la amistad sigue. Ahora bien, si al día siguiente vuelves a romperle otro móvil y la semana siguiente otro más, ¿qué pasaría? El perdón de tu amigo no significa que tengas derecho a seguir dañando. El perdón es un regalo para reconstruir la relación, no un pase libre para hacer lo que quieras.


El cristianismo lo dice con mucha claridad. San Pablo, en la Biblia, se hace esta pregunta: “¿Seguiremos pecando para que la gracia abunde?” (Rom 6,1). Y él mismo responde: “¡De ningún modo!”. Jesús también, cuando perdona a la mujer sorprendida en adulterio, le dice: “Vete, y no peques más” (Jn 8,11). Esto nos enseña algo importante: el perdón va siempre unido a la responsabilidad de cambiar. Si te perdonan, es para que vivas mejor, no para que sigas igual.


A veces pensamos que porque Dios perdona infinitamente, podemos jugar con eso. Pero ¿qué clase de relación sería si usamos el amor de alguien para aprovecharlo y seguir dañando? Es como herir una y otra vez a quien más te quiere, solo porque sabes que nunca te dejará. Tarde o temprano, ese modo de actuar no solo hiere al otro, también te va vaciando por dentro.


El perdón verdadero es un acto de confianza: alguien cree que puedes ser mejor, que mereces otra oportunidad. Si alguien te ofrece su perdón, está confiando en ti, está apostando por tu capacidad de cambiar. Y abusar de eso es como tirar por el suelo esa confianza.


Por eso, la frase «No porque exista el perdón tenemos el derecho de dañar a los demás cada vez que queramos» es un recordatorio muy serio: el perdón es medicina, no permiso. La medicina se toma para curarse, no para enfermarse más.


Vivir el perdón de verdad significa agradecerlo, dejar que nos transforme, y tratar de no repetir lo que dañó al otro. Así es como el perdón construye amistades, familias y comunidades más fuertes. Si lo usamos como excusa, se convierte en algo vacío.


En el fondo, el perdón es un regalo para el corazón: libera, une, sana. Pero necesita ir acompañado de un cambio interior, de una decisión auténtica de no volver a dañar. Eso es lo que nos hace crecer como personas responsables y libres.


#perdón #conversión #forgiveness #healing 



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